IARWI SPOTLIGHT | ISSUE 03
Fernando Sánchez Páez: una nueva generación que busca transformar la política desde la acción social
De la curiosidad por las leyes a una vocación por la vida pública
Antes de involucrarse en organizaciones juveniles, participar en ejercicios legislativos o asumir responsabilidades dentro de la política poblana, Fernando Sánchez Páez era un joven interesado en comprender cómo funcionaba el mundo que lo rodeaba. La historia, la geografía y los acontecimientos nacionales despertaron desde temprana edad una curiosidad que terminaría orientando su formación profesional.
Originario de Puebla, Fernando se describe como una persona reservada, profundamente cercana a su familia y acostumbrada a encontrar tranquilidad en su entorno personal. Una faceta que contrasta con la exposición pública que actualmente acompaña sus actividades políticas.
Durante su adolescencia dedicaba parte de su tiempo a observar documentales, consultar revistas de divulgación científica y seguir las noticias. Sin embargo, fue su interés por las sesiones del Congreso lo que comenzó a transformar aquella curiosidad en una vocación.
Escuchar a los legisladores debatir iniciativas y discutir disposiciones jurídicas le permitió identificar una relación que considera fundamental: para comprender la política, primero es necesario entender las leyes y, para comprender las leyes, resulta indispensable estudiar el Derecho.
A los 17 años decidió orientar su futuro hacia esa disciplina, no únicamente por las posibilidades del ejercicio profesional, sino por su interés en analizar cómo las decisiones legislativas pueden beneficiar o perjudicar a la ciudadanía.
Egresado de la licenciatura en Derecho por el Instituto de Estudios Avanzados Universitarios, incorporado a la Universidad Nacional Autónoma de México, ha adquirido experiencia mediante su colaboración en despachos jurídicos y su acercamiento a la Comisión de Derechos Humanos durante el servicio social.
Su formación también ha estado acompañada de una visión crítica sobre la comunicación política. Entre las obras que han influido en su pensamiento destaca La civilización del espectáculo, de Mario Vargas Llosa, libro que asegura haber leído en más de tres ocasiones.
A partir de esta lectura, Fernando reflexiona sobre la manera en que las narrativas, los medios de comunicación y los intereses particulares pueden influir en la percepción colectiva de la política.
«Todo es un espectáculo y nosotros somos los actores», expresa al describir esa relación entre la vida pública y la construcción de discursos.
No obstante, considera que el ejercicio político debería trascender las apariencias y concentrarse en resultados que respondan a las necesidades de la población.
Para él, involucrarse en la política significa comprender sus mecanismos, identificar sus deficiencias y encontrar oportunidades para contribuir desde los espacios disponibles. Su motivación principal, asegura, ha sido la labor social y la posibilidad de impulsar políticas públicas que atiendan las necesidades básicas de las comunidades.
Juventud y política: abrirse camino entre desafíos, intereses y nuevas oportunidades
La incorporación de jóvenes a la vida política representa una oportunidad para ampliar la participación ciudadana, pero también implica enfrentarse a estructuras, relaciones e intereses que pueden dificultar el desarrollo de nuevos liderazgos.
Fernando Sánchez Páez reconoce que uno de sus mayores aprendizajes dentro de este ámbito ha sido comprender el verdadero significado de la confianza.
A diferencia de lo que podría suponerse, no considera que su edad haya representado el obstáculo más importante en su trayectoria. Desde su experiencia, las dificultades se relacionan principalmente con las relaciones personales, los intereses que existen dentro de los espacios políticos y la necesidad de distinguir entre quienes ofrecen un respaldo auténtico y quienes persiguen objetivos particulares.
Para Fernando, la cercanía con otros actores políticos no garantiza necesariamente una relación de confianza. Por ello, considera indispensable desarrollar criterio propio, aprender a identificar oportunidades y mantener la capacidad de expresar desacuerdos.
También advierte sobre el riesgo de convertir a determinadas figuras políticas en referentes incuestionables. A su juicio, los jóvenes deben sentirse capaces de presentar propuestas, cuestionar decisiones y defender sus ideas sin depender completamente de la aprobación de otras personas.
Esta perspectiva se relaciona con su participación en distintos espacios de formación legislativa.
En el Congreso del Estado de Puebla ha formado parte del Simulador Legislativo en materia de Crisis de Vivienda y del Parlamento Ambiental, organizado por OJPAM y la RedEco de Puebla, donde desempeñó la vicepresidencia de mesa directiva.
A nivel nacional participó en el parlamento Tlaltikpak Tlazokamathi, desarrollado en espacios de la Cámara de Diputados y el Senado de la República, donde intervino en actividades de comisión, redacción de iniciativas y ejercicios de tribuna.
Asimismo, asistió a la Cumbre Nacional de Líderes Jóvenes, celebrada en la Cámara de Diputados, en representación del Partido Revolucionario Institucional.
Estas experiencias han contribuido a fortalecer su interés por los procesos legislativos y por la formación de nuevas generaciones interesadas en los asuntos públicos.
Actualmente, de acuerdo con su semblanza, preside la organización Jóvenes Líderes de México – Puebla y desempeña la Secretaría Estatal de Planificación y Estrategia Territorial de la RED Jóvenes X México, vinculada al Partido Revolucionario Institucional.
Desde estos espacios ha participado en la organización de encuentros juveniles, foros y actividades de formación cívica, buscando acercar a más jóvenes al conocimiento de las instituciones y los mecanismos de participación política.
Entre las iniciativas que ha coordinado se encuentran el Foro 8M, dedicado al liderazgo femenino, y el Foro Universitario-Electoral, enfocado en temas de comunicación política y campañas electorales.
Sin embargo, su mensaje para quienes comienzan a involucrarse en la vida pública va más allá de las responsabilidades que puedan alcanzar.
«México necesita sangre nueva, aprender de los errores del pasado para darle un verdadero cambio al país».
Con esta afirmación, Fernando plantea que la renovación política no debe limitarse a incorporar personas de menor edad, sino a construir una generación capaz de reconocer los errores históricos y evitar reproducirlos.
Considera que México cuenta con jóvenes preparados, creativos y con capacidad para generar propuestas, pero insiste en que ese potencial necesita acompañarse de compromiso, perseverancia y disposición para trabajar por el bienestar colectivo.
Su consejo para quienes tienen 16, 17 o 18 años y comienzan a participar en actividades políticas es creer en sus proyectos, rodearse de personas que contribuyan a su crecimiento y comprender que el desacuerdo forma parte de cualquier proceso de liderazgo.
Desde su perspectiva, la política debe entenderse como un espacio de responsabilidad ciudadana que trasciende las aspiraciones individuales y los cargos públicos.
El liderazgo que nace de la empatía: historias que dan sentido a la labor social
Aunque Fernando Sánchez Páez ha participado en actividades legislativas y espacios de representación política, reconoce que algunas de las experiencias que más han marcado su trayectoria se encuentran lejos de los congresos, las tribunas y los actos institucionales.
La labor social ha formado parte de sus intereses desde la infancia. Ayudar a quienes atraviesan situaciones difíciles, acompañar a personas vulnerables y contribuir mediante acciones comunitarias son actividades que considera esenciales para comprender el verdadero sentido del servicio público.
A través de diferentes iniciativas ha participado en jornadas de entrega de alimentos y bebidas a familiares de pacientes hospitalizados, colectas de juguetes, distribución de paquetes básicos para estudiantes de primaria y actividades de promoción deportiva.
Su semblanza documenta acciones de apoyo en el Hospital del Niño Poblano y el Hospital General de La Margarita, así como una colecta de juguetes entregados a la casa hogar Ejército de Salvación.
Sin embargo, detrás de estas actividades existen experiencias personales que han fortalecido su compromiso.
Fernando recuerda que en algún momento también experimentó la incertidumbre de acompañar a un familiar enfermo. Conoce el cansancio que implica permanecer durante horas en un hospital, las preocupaciones de quienes esperan noticias médicas y las historias que se comparten en los pasillos.
Esa experiencia le permitió comprender que un gesto aparentemente sencillo puede representar mucho para una persona que atraviesa un momento difícil.
Durante una jornada de entrega de pan y café conoció a una abuela cuya nieta recién nacida había presentado complicaciones de salud. La mujer llevaba varias horas en el hospital y, al conversar con él, comenzó a expresar las emociones que había acumulado durante aquella jornada.
Fernando recuerda cómo la mujer encontró en ese momento un espacio para desahogarse y compartir su preocupación.
La experiencia reforzó una convicción: la ayuda comunitaria no siempre depende de grandes recursos económicos o proyectos de gran magnitud. En ocasiones, escuchar a alguien y ofrecerle un poco de compañía puede convertirse en un acto significativo de solidaridad.
Otra de las vivencias que conserva especialmente ocurrió durante una entrega de juguetes a niños de una casa hogar.
Entre los pequeños se encontraba Emiliano, quien se acercó para agradecerle por haber hecho feliz su celebración del 30 de abril.
Aquel agradecimiento permaneció en su memoria como uno de los momentos más emotivos de su trabajo comunitario.
Para Fernando, estas experiencias representan una dimensión del liderazgo que no siempre recibe suficiente atención: la posibilidad de generar bienestar mediante acciones cercanas y concretas.
También reconoce el valor de los foros y encuentros de formación que ha impulsado. En ellos busca que jóvenes ponentes compartan sus conocimientos y, al mismo tiempo, adquieran confianza para participar en nuevas actividades académicas y sociales.
Considera que estos espacios permiten construir redes de colaboración y motivar a otras personas a involucrarse en iniciativas de beneficio colectivo.
Sin embargo, cuando reflexiona sobre las actividades que más satisfacción le han generado, reconoce una preferencia particular por aquellas dirigidas a las infancias.
Para él, contribuir a que un niño experimente alegría, reciba apoyo o encuentre un momento de tranquilidad constituye una de las expresiones más importantes del compromiso social.
Su experiencia permite observar cómo la participación comunitaria puede convertirse en un punto de encuentro entre las aspiraciones políticas y las necesidades cotidianas de la población.
Recuperar la confianza ciudadana y construir una política que responda con hechos
Uno de los temas centrales de la entrevista con Fernando Sánchez Páez es la crisis de confianza que enfrentan los partidos políticos mexicanos y el papel que podrían desempeñar las nuevas generaciones en la transformación de sus prácticas.
Como militante del Partido Revolucionario Institucional, reconoce que su organización despierta opiniones divididas entre la ciudadanía y que su historia representa un desafío para quienes buscan participar actualmente en sus estructuras.
Desde su perspectiva, recuperar la confianza requiere reconocer los errores del pasado, abandonar las prácticas centradas en intereses individuales y construir propuestas que respondan a las necesidades reales de la sociedad.
Fernando considera que la incorporación de jóvenes a los partidos políticos debe representar algo más que una estrategia de renovación de imagen.
En su entrevista cuestiona la existencia de liderazgos juveniles cuya participación termina subordinada a los intereses de figuras políticas con mayor trayectoria.
A su juicio, esta dinámica puede limitar la independencia de las nuevas generaciones y reducir su presencia a una función de respaldo político, sin permitirles desarrollar proyectos propios.
Por ello, sostiene que los jóvenes deben contar con espacios donde puedan expresar sus ideas, participar en decisiones y contribuir de manera efectiva a las actividades de sus organizaciones.
También plantea que los partidos necesitan sustituir las narrativas vacías por propuestas reales y demostrar mediante resultados que sus compromisos tienen consecuencias positivas para la ciudadanía.
Su reflexión incorpora una distinción que considera fundamental: la identidad partidista no debería colocarse por encima del compromiso con la comunidad.
Para Fernando, quienes participan en política deben recordar que su responsabilidad también se encuentra con su municipio, su estado y su país.
En ese sentido, rechaza que los cargos públicos se conciban únicamente como instrumentos para obtener poder, privilegios o beneficios personales.
Considera que cualquier responsabilidad institucional debería representar una oportunidad para atender problemas, escuchar a la población y contribuir al desarrollo colectivo.
Estas ideas también se relacionan con sus aspiraciones profesionales.
Fernando se visualiza construyendo una trayectoria política que le permita asumir responsabilidades de representación pública. Entre sus objetivos más próximos se encuentra la posibilidad de desempeñarse como regidor de su municipio.
Desde ese espacio le gustaría impulsar políticas públicas, mantener cercanía con el sector popular y demostrar que el ejercicio político puede desarrollarse mediante el diálogo y el trabajo comunitario.
Su visión del liderazgo queda sintetizada en una de las declaraciones más representativas de la entrevista:
«Político no es el que sale en las fotos, político es el que hace, escucha y propone».
La frase refleja su intención de diferenciar la visibilidad pública del trabajo que considera necesario para construir legitimidad.
Asimismo, expresa su deseo de contribuir a mejorar la percepción de su organización política mediante acciones que permitan valorar a las personas más allá de los emblemas partidistas.
Al mirar hacia el futuro, Fernando no presenta sus aspiraciones como un camino libre de dificultades. Reconoce que los errores, las decepciones y los fracasos forman parte de cualquier trayectoria.
Sin embargo, considera que estas experiencias también ofrecen oportunidades de aprendizaje y fortalecimiento personal.
Su mensaje final para las juventudes es aprovechar cada espacio de participación, desde los foros universitarios hasta los parlamentos, continuar preparándose y comprender que sus opiniones pueden contribuir a los asuntos públicos.
La trayectoria de Fernando Sánchez Páez muestra a un joven que busca relacionar su formación jurídica, su participación política y su experiencia comunitaria con un proyecto de servicio público.
Su historia también invita a reflexionar sobre uno de los principales desafíos de la renovación generacional: demostrar que las nuevas voces pueden acompañar sus discursos con decisiones responsables, acciones sostenidas y resultados concretos.
Porque el verdadero cambio político no depende exclusivamente de la edad de quienes llegan a los espacios de representación, sino de la manera en que ejercen sus responsabilidades y responden a las necesidades de la sociedad.
Y para Fernando Sánchez Páez, ese camino comienza con una convicción: la política debe construirse escuchando, proponiendo y, sobre todo, actuando.