IARWI SPOTLIGHT | ISSUE 02
Dr. Gabriel Apolinar Sánchez: vocación, enseñanza y el desafío de humanizar la medicina
Más allá de la bata blanca: la vocación médica como compromiso con la dignidad humana
Cada 23 de octubre, México conmemora el Día del Médico, una fecha dedicada a reconocer el trabajo de quienes han elegido dedicar su vida al cuidado de la salud. Sin embargo, detrás de los reconocimientos y las celebraciones también existe una oportunidad para cuestionar qué significa realmente ejercer la medicina y cuáles son las responsabilidades que acompañan a esta profesión.
En esta segunda edición de IARWI Spotlight, el Dr. Gabriel Apolinar Sánchez comparte una visión de la medicina que trasciende el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades. Su perspectiva se construye a partir de la experiencia clínica, la enseñanza y el contacto con poblaciones que históricamente han enfrentado barreras para acceder a servicios de salud respetuosos de sus derechos.
Al recordar sus primeras motivaciones, explica que inicialmente su interés por la medicina surgió de la curiosidad por comprender el funcionamiento del cuerpo humano y los mecanismos que producen las enfermedades. Con el paso de los años, aquella inquietud científica evolucionó hacia una comprensión más amplia de su responsabilidad profesional.
Hoy considera que el ejercicio médico debe prestar especial atención a quienes han sido ignorados, discriminados o violentados dentro de los sistemas de salud, particularmente en cuestiones relacionadas con los derechos sexuales y reproductivos.
«Curar es importante, por supuesto, pero hoy considero que también es fundamental educar, empoderar y acompañar».
Para el Dr. Apolinar, la medicina también representa una oportunidad para ayudar a las personas a comprender sus derechos, reconocer sus capacidades y tomar decisiones libres e informadas. Esta perspectiva plantea que el profesional de la salud no debe limitarse a intervenir sobre una enfermedad, sino comprender las circunstancias que influyen en la vida de quien solicita atención.
A lo largo de su trayectoria, ha identificado situaciones que evidencian las desigualdades persistentes dentro de la sociedad y las instituciones sanitarias. Entre ellas, menciona las dificultades que enfrentan mujeres y adolescentes para acceder a información, ejercer su autonomía y recibir acompañamiento sin prejuicios.
También señala la existencia de prácticas profesionales en las que la autoridad médica se utiliza para minimizar las preocupaciones de los pacientes o cuestionar su capacidad para decidir sobre sus propios cuerpos.
Estas experiencias han transformado su manera de comprender la relación médico-paciente. Desde su perspectiva, las condiciones económicas, familiares, culturales y sociales no pueden separarse del proceso de atención, pues influyen directamente en las oportunidades de bienestar.
«No basta con atender enfermedades si, al mismo tiempo, ignoramos las condiciones que enferman, excluyen o violentan a las personas».
Su reflexión invita a reconocer que la responsabilidad médica también consiste en identificar las desigualdades que afectan la salud y evitar reproducirlas durante la atención.
En ese sentido, considera necesario avanzar hacia una práctica profesional que sustituya las relaciones autoritarias por espacios de diálogo, confianza y respeto.
La medicina, desde esta visión, no pierde rigor científico al incorporar una perspectiva humana; por el contrario, fortalece su capacidad para responder a las necesidades reales de las personas.
Enseñar medicina en tiempos de inteligencia artificial: formar profesionales sin perder la humanidad
La formación de nuevas generaciones ocupa un lugar central en la trayectoria y las reflexiones del Dr. Gabriel Apolinar Sánchez.
Desde su experiencia docente, sostiene que la educación médica enfrenta un desafío que va más allá de transmitir conocimientos científicos: formar profesionales capaces de comprender que detrás de cada expediente clínico existe una persona con una historia, circunstancias particulares y necesidades que merecen atención.
Para él, dominar la anatomía, la fisiología, la farmacología y las herramientas diagnósticas es indispensable, pero resulta insuficiente cuando el conocimiento se ejerce sin empatía, sensibilidad o respeto.
Considera que uno de los principales objetivos de la enseñanza debería ser desarrollar la capacidad de escuchar verdaderamente a los pacientes, comprender sus preocupaciones y relacionar sus manifestaciones clínicas con el contexto en el que viven.
Asimismo, cuestiona las actitudes de arrogancia, indiferencia y maltrato que todavía pueden encontrarse en determinados espacios de formación y atención médica.
«Porque saber medicina es indispensable, pero saber ejercerla con humanidad es lo que marca la diferencia».
Esta afirmación adquiere especial relevancia ante la transformación tecnológica que experimenta la medicina contemporánea.
La incorporación de herramientas digitales y sistemas de inteligencia artificial está modificando la manera en que los profesionales acceden a la información, analizan problemas clínicos y desarrollan actividades académicas.
Lejos de rechazar estos avances, el Dr. Apolinar reconoce su utilidad para organizar conocimientos, explorar posibilidades diagnósticas y mejorar diferentes procesos. Sin embargo, insiste en que deben utilizarse de manera crítica, ética y responsable.
Su preocupación no radica en la existencia de estas tecnologías, sino en la posibilidad de que los futuros profesionales deleguen excesivamente en ellas sus responsabilidades intelectuales y clínicas.
En este contexto, introduce un concepto que considera esencial para la formación médica: el arte de ejercer la medicina.
Este arte se manifiesta en acciones aparentemente sencillas, como explicar un diagnóstico con claridad, preguntar si existen dudas, escuchar sin emitir juicios, comunicar los riesgos de un tratamiento de manera comprensible y construir una relación de confianza.
También comprende aspectos prácticos que reflejan respeto por los pacientes, como elaborar indicaciones legibles, prescribir tratamientos apropiados y solicitar estudios clínicamente justificados.
Para el entrevistado, estas habilidades no deberían considerarse elementos secundarios de la preparación profesional, sino componentes fundamentales de una atención de calidad.
La inteligencia artificial puede contribuir al aprendizaje y apoyar determinados procesos, pero no elimina la necesidad de desarrollar juicio clínico, responsabilidad ética y sensibilidad interpersonal.
Su planteamiento propone una educación médica que combine la innovación tecnológica con una formación profundamente humana.
En lugar de preparar profesionales que dependan exclusivamente de herramientas digitales, considera necesario formar médicos capaces de cuestionar la información, reconocer sus limitaciones y mantener una relación cercana y respetuosa con quienes solicitan atención.
De esta manera, la enseñanza adquiere una dimensión que trasciende las aulas: no solamente prepara para resolver problemas clínicos, sino también para ejercer una profesión que implica una responsabilidad directa sobre la vida y la dignidad de otras personas.
Salud sexual y reproductiva: entre los prejuicios, los derechos humanos y la libertad de decidir
Uno de los posicionamientos más relevantes del Dr. Gabriel Apolinar Sánchez se relaciona con las barreras que todavía existen para garantizar una atención integral en salud sexual y reproductiva.
Desde su perspectiva, América Latina continúa enfrentando importantes desafíos culturales, sociales e institucionales que limitan el acceso a información científica y servicios de salud libres de discriminación.
Entre estos obstáculos identifica la persistencia de estructuras machistas, prejuicios relacionados con la sexualidad y dificultades para distinguir las convicciones personales de las obligaciones profesionales.
Considera especialmente preocupante que algunas decisiones dentro de los servicios de salud puedan estar condicionadas por creencias morales o religiosas que no necesariamente corresponden con la evidencia científica ni con los derechos de los pacientes.
«Los derechos humanos no deberían depender de las creencias de quien tiene la responsabilidad de garantizarlos».
Esta declaración sintetiza una parte fundamental de su postura: los profesionales sanitarios deben reconocer que sus convicciones individuales no pueden convertirse en barreras para que otras personas reciban información, orientación y atención adecuada.
El médico también destaca la necesidad de transformar la manera en que se abordan determinados temas dentro de las instituciones educativas.
La interrupción legal y voluntaria del embarazo, la anticoncepción de emergencia, el placer, la diversidad sexual, las masculinidades y las desigualdades de género continúan siendo asuntos que pueden generar incomodidad o resistencia incluso en espacios destinados a la formación científica.
Para el Dr. Apolinar, evitar estas conversaciones no contribuye a resolver los problemas. Por el contrario, puede perpetuar la desinformación, fortalecer los estigmas y limitar las competencias de quienes tendrán la responsabilidad de atender a diferentes poblaciones.
Su propuesta consiste en incorporar una educación abierta, fundamentada en evidencia y capaz de reconocer las dimensiones biológicas, psicológicas y sociales de la sexualidad.
Esta responsabilidad también se extiende a los espacios digitales.
Ante la creciente circulación de información y desinformación sobre sexualidad en redes sociales, considera indispensable que los profesionales de la salud participen activamente en la divulgación de conocimientos confiables.
No obstante, advierte que la educación sanitaria debe tener un propósito que trascienda la búsqueda de popularidad.
«No debemos enseñar para conseguir likes; debemos enseñar para que las nuevas generaciones puedan tomar decisiones libres, informadas y responsables».
En su visión, orientar a adolescentes y jóvenes implica comprender que cada persona enfrenta circunstancias diferentes y que la educación debe adaptarse a sus necesidades sin reproducir prejuicios.
También considera fundamental reconocer la autonomía de los pacientes durante las consultas.
Cuando las decisiones individuales entran en conflicto con las expectativas del profesional, propone privilegiar la escucha activa, la explicación de alternativas y el acompañamiento respetuoso.
Su concepción de la práctica médica se aleja de los modelos impositivos y apuesta por una relación educativa en la que el paciente pueda comprender sus opciones y participar activamente en las decisiones relacionadas con su salud.
Esta perspectiva no significa renunciar a la orientación clínica, sino ejercerla mediante información clara, evidencia científica y respeto por los derechos humanos.
Para el Dr. Apolinar, una consulta debe representar un espacio seguro donde las personas puedan expresar sus inquietudes, reconocer sus necesidades y recibir acompañamiento sin temor a ser juzgadas.
El verdadero legado de un médico: conocimiento, humildad y responsabilidad
Al reflexionar sobre el significado del éxito profesional, el Dr. Gabriel Apolinar Sánchez plantea una visión que se distancia de los reconocimientos académicos y del prestigio tradicionalmente asociado con la profesión médica.
Para él, uno de los mayores logros consiste en saber que sus estudiantes y pacientes han aprendido algo útil durante sus encuentros y que ese conocimiento puede contribuir positivamente a sus vidas.
Más allá de los títulos o las distinciones, desea ser recordado por haber ofrecido orientación, respeto y oportunidades de aprendizaje.
También considera importante que sus estudiantes desarrollen la capacidad de identificar malas prácticas, cuestionar los abusos de autoridad y evitar reproducir conductas que históricamente han generado experiencias negativas dentro de los servicios de salud.
En este sentido, comparte una de las afirmaciones más contundentes de la entrevista:
«La medicina nos otorga conocimientos y responsabilidades, no superioridad sobre otras personas».
La frase cuestiona la idea de que el conocimiento especializado concede una posición de superioridad frente a quienes buscan atención.
Por el contrario, el médico sostiene que la preparación profesional debe acompañarse de humildad y de la conciencia de que el paciente es el protagonista de su propio proceso de atención.
Desde esta perspectiva, el profesional sanitario desempeña una función de acompañamiento y orientación, sin que su autoridad científica deba confundirse con el derecho de imponer decisiones.
Su reflexión también alcanza a quienes comienzan sus estudios de medicina.
En un contexto donde las redes sociales suelen mostrar una imagen idealizada de la profesión, el Dr. Apolinar invita a reconocer las exigencias reales de la formación médica.
Las largas jornadas de estudio, el desgaste emocional, la necesidad de actualización constante y los sacrificios personales forman parte de una carrera que requiere disciplina, compromiso y una motivación que vaya más allá del reconocimiento social.
Considera importante que los futuros médicos cuestionen sus razones para elegir esta profesión y comprendan que su ejercicio implica responsabilidades que no pueden reducirse a una imagen pública.
Al mismo tiempo, dirige un mensaje a quienes cuentan con años de experiencia: el tiempo de ejercicio no garantiza infalibilidad ni justifica la resistencia al aprendizaje.
La medicina exige reconocer errores, actualizar conocimientos y mantener una disposición permanente para mejorar.
En sus respuestas aparece una preocupación compartida a lo largo de toda la entrevista: evitar que la formación científica y el desarrollo profesional conduzcan a perder de vista la dimensión humana de la atención.
Su visión del futuro de la medicina reconoce la importancia de la investigación, la innovación y los avances tecnológicos, pero insiste en que ninguno de estos elementos debería desplazar el respeto por las personas.
«Porque no basta con saber medicina. También tenemos que aprender a ejercerla sin perder nuestra humanidad».
Esta reflexión representa el cierre de una conversación que, en el marco del Día del Médico, trasciende la celebración de una profesión para examinar críticamente sus responsabilidades.
La participación del Dr. Gabriel Apolinar Sánchez en IARWI Spotlight invita a estudiantes, docentes y profesionales de la salud a reflexionar sobre el tipo de medicina que desean construir y el impacto que sus decisiones pueden tener en la vida de otras personas.
Sus palabras recuerdan que el conocimiento científico adquiere mayor significado cuando se ejerce con responsabilidad, sensibilidad y respeto.
La medicina del futuro necesitará profesionales altamente capacitados, capaces de incorporar nuevas tecnologías y responder a desafíos sanitarios cada vez más complejos. Pero también requerirá personas dispuestas a escuchar, cuestionar sus prejuicios y reconocer la dignidad de quienes depositan su confianza en ellas.
Porque el legado de un médico no se encuentra únicamente en los diagnósticos que realiza o en los tratamientos que prescribe, sino también en las personas que acompaña, los conocimientos que comparte y la humanidad que demuestra a lo largo de su ejercicio profesional.