Dr. Gabriel Apolinar Sánchez: “La educación sexual no es ideología, es una obligación ética y de salud pública”
En una conversación amplia y reflexiva sobre el panorama de la salud sexual y reproductiva en América Latina, el Dr. Gabriel Apolinar Sánchez ofreció una postura firme: la educación integral de la sexualidad (EIS) no es un tema ideológico, sino una estrategia indispensable de derechos humanos y salud pública.
A lo largo de la entrevista, el especialista abordó los retos estructurales, las brechas regionales, la corresponsabilidad masculina y el papel de los profesionales de la salud y la educación en contextos conservadores.
Romper el silencio histórico.
Para el Dr. Sánchez, uno de los mayores desafíos en la región es “desmantelar la narrativa histórica que ha patologizado, moralizado y silenciado la sexualidad”. Señala que aún persiste la idea de que hablar de sexualidad es peligroso o inmoral, lo que ha llevado a relegar estos temas a espacios informales y sin respaldo institucional.
“La omisión no es neutra —advierte—, constituye una forma de violencia estructural que vulnera el derecho de niñas, niños y adolescentes a recibir información veraz, científica y oportuna”.
Desde su perspectiva, aprender desde el miedo y la culpa perpetúa patrones de machismo, misoginia y desigualdad, afectando directamente la salud y la convivencia social.
México y la región: avances y rezagos
Al comparar a México con otros países latinoamericanos, el doctor reconoce avances en naciones como México, Colombia y Brasil en materia de políticas públicas y reconocimiento de la sexualidad como un asunto de derechos humanos. Sin embargo, subraya que “en amplios sectores de la región persisten rezagos profundos, muchas veces sostenidos por el desconocimiento —o la negación— de los derechos sexuales y reproductivos”.
Estos rezagos, afirma, no solo impactan la salud, sino que perpetúan ciclos de pobreza, exclusión, migración forzada y violencia.
Factores socioculturales que limitan el diálogo
El especialista identifica tres grandes barreras: modelos educativos insuficientes, influencia de discursos moralistas y falta de compromiso estatal.
“La fuerte influencia de estructuras religiosas y discursos moralistas limita la posibilidad de cuestionar críticamente conceptos heredados sobre sexualidad”, explica. Además, considera que muchas estrategias gubernamentales son débiles o fragmentadas, diseñadas más para cumplir compromisos internacionales que para responder a necesidades reales.
Desigualdad: quién paga el costo
Para el Dr. Sánchez, la desigualdad social y territorial no solo determina quién tiene acceso a información y servicios, sino “quién paga el costo” de la desinformación o de una decisión sin respaldo institucional.
Mientras sectores con mayores recursos cuentan con redes privadas que amortiguan consecuencias, las poblaciones en mayor vulnerabilidad enfrentan exclusión, violencia y abandono institucional.
Profesionales de la salud: entre la oportunidad y la deuda ética
El médico subraya que los profesionales de la salud y la educación ocupan un lugar estratégico para reducir estigma y desinformación. No obstante, reconoce que con frecuencia la sexualidad se aborda “desde la incomodidad, la vergüenza o el juicio moral”.
“Reducir el estigma no es una tarea opcional: es una responsabilidad profesional y una deuda ética con la población”, enfatiza.
En el ámbito médico, propone fortalecer competencias en derechos humanos, habilidades comunicativas y enfoque humanista a lo largo de toda la formación universitaria, no solo en asignaturas aisladas.
Planificación familiar: una llave de autonomía
El doctor describe la planificación familiar y la anticoncepción como “una llave” que abre autonomía, equidad de género y desarrollo social.
“La anticoncepción no es un método, es una herramienta de justicia social”, afirma. Considera que garantizar el acceso reduce muertes evitables, fortalece trayectorias educativas y laborales y contribuye a relaciones más equitativas.
La participación masculina y la vasectomía
En su formación como médico vasectomizador, el Dr. Sánchez observa un cambio generacional alentador. Cada vez más hombres, incluso jóvenes sin hijas o hijos, optan por la vasectomía como una decisión informada sobre su proyecto de vida.
“La vasectomía es una expresión concreta de corresponsabilidad reproductiva”, señala, aunque advierte que debe ir acompañada de educación integral, especialmente para evitar que se utilice como justificación para abandonar el uso del condón.
El mensaje final: vivir sin culpa ni miedo
Al cierre, el Dr. Gabriel Apolinar Sánchez resume su postura con claridad: “La sexualidad no es un problema que deba ocultarse, sino una dimensión fundamental de la vida que merece información, cuidado y respeto”.
Para adolescentes, su mensaje es que no tienen prisa y que su cuerpo les pertenece. Para personas adultas, que nunca es tarde para desaprender y cuestionar creencias heredadas.
“La educación integral de la sexualidad no es una amenaza para las familias; es una herramienta de justicia social y prevención de violencias”, concluye.
En una región marcada por profundas desigualdades y tensiones culturales, su llamado es contundente: defender la educación sexual basada en evidencia y derechos humanos es defender la posibilidad de vivir con dignidad, libertad y salud.